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martes, 9 de abril de 2019

SEMANA MAYOR MONICIONES Y LECTURAS.



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TIEMPO DE PASCUA 

EVANGELIO DIALOGADO PARA LA MISA DEL DOMINGO DE RAMOS

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EVANGELIO

2 cruzLectura del santo evangelio según san Lucas 22, 14—23, 56

C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
cruz—«He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios».
C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:
cruz—«Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios».
Haced esto en memoria mía
C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
cruz—«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».
C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:
cruz—«Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros».
¡Ay de ése que entrega al Hijo del hombre!
cruz—«Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, ¡ay de ése que lo entrega!».
C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.
Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve
C. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:
cruz—«Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve.
Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel».
Tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos
C. Y añadió:
cruz—«Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos».
C. Él le contesto:
S. —«Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte».
C. Jesús le replicó:
cruz—«Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme».
Tiene que cumplirse en mí lo que está escrito
C. Y dijo a todos:
cruz—«Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?».
C. Contestaron:
S. —«Nada».
C. Él añadió:
cruz—«Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: "Fue contado con los malhechores". Lo que se refiere a mí toca a su fin».
C. Ellos dijeron:
S. —«Señor, aquí hay dos espadas».
C. Él les contesto:
cruz—«Basta».
En medio de su angustia, oraba con más insistencia
C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:
cruz—«Orad, para no caer en la tentación».
C. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:
cruz—«Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
C —Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:
cruz—«¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación».
Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?
C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.
Jesús le dijo:
cruz—«Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».
C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:
S. —«Señor, ¿herimos con la espada?».
C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
Jesús intervino, diciendo:
cruz—«Dejadlo, basta».
C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:
cruz—«¿Habéis salido con espadas y palos, como a la caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas».
Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente
C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos.
Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:
S. —«También éste estaba con él».
C. Pero él lo negó, diciendo:
S. —«No lo conozco, mujer».
C. Poco después lo vio otro y le dijo:
S. —«Tú también eres uno de ellos».
C. Pedro replicó:
S. —«Hombre, no lo soy».
C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:
S. —«Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo».
C. Pedro contestó:
S. —«Hombre, no sé de qué me hablas».
C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?
C. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.
Y, tapándole la cara, le preguntaban:
S. —«Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?».
C. Y proferían contra él otros muchos insultos.
Lo hicieron comparecer ante su Sanedrín
C. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:
S. —«Si tú eres el Mesías, dínoslo».
C. Él les contesto:
cruz—«Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.
Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso».
C. Dijeron todos:
S. —«Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?».
C. Él les contestó:
cruz—«Vosotros lo decís, yo lo soy».
C. Ellos dijeron:
S. —«¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca».
C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:
S. —«Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. —«¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él le contestó:
cruz—«Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. —«No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. —«Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio
C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato entregó a Jesús a su arbitrio
C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. —«Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:
S. —«¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás».
C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. —«¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Él les dijo por tercera vez:
S.—«Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.
Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
cruz—«Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes: "Desplomaos sobre nosotros", y a las colinas: "Sepultadnos"; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasara con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
cruz—«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.
Éste es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando.
Las autoridades le hacían muecas, diciendo:
S —«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S. —«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
S. —«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro le increpaba:
S. —«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».
C Y decía:
S. —«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le respondió:
cruz—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
cruz—«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa.
C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:
S. —«Realmente, este hombre era justo».
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado
C. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía.
Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.
Palabra del Señor.

O bien más breve:

2 cruzPasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 23, 1-49

C. En aquel tiempo, se levantó toda la asamblea, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre
C. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:
S. —«Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. —«¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él le contesto:
cruz—«Tú lo dices».
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:
S. —«No encuentro ninguna culpa en este hombre».
C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:
S. —«Solivianta al pueblo enseñando, por toda Judea, desde Galilea hasta aquí».
C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio
C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro.
Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato entregó a Jesús a su arbitrio
C. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:
S. —«Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:
S. —«¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás».
C. A este lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S.—«¡Crucifícalo, crucifícalo!».
C. Él les dijo por tercera vez:
S.—«Pues, ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré».
C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío.
Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
cruz—«Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado". Entonces empezarán a decirles a los montes: "Desplomaos sobre nosotros", y a las colinas: "Sepultadnos"; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?».
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
C. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
cruz—«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».
C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte.
Éste es el rey de los judíos
C. El pueblo estaba mirando.
Las autoridades le hacían muecas, diciendo:
S. —«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S. —«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».
Hoy estarás conmigo en el paraíso
C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
S. —«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
C. Pero el otro le increpaba:
S.—«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha faltado en nada».
C: Y decía:
S. —«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
C. Jesús le respondió:
cruz—«Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu
C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
cruz—«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».
C. Y, dicho esto, expiró.
Todos se arrodillan, y se hace una pausa
C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:
S. —«Realmente, este hombre era justo».
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
Palabra del Señor.

viernes, 19 de octubre de 2018

DOMUND 2018



HORA SANTA MISIONERA
PREPARACIÓN Y DECORACIÓN:
Ø  Tomar los acuerdos necesarios para que un MESC lleve al Santísimo al CCPP.
Ø  Previamente se ha preparado el local, sobre todo el Altar del Santísimo y la Santa Biblia.
Ø  En la medida de lo posible, lo más alto para que esté a la vista de todos pero que el MESC pueda alcanzar.
Ø  Cuidar que la base esté suficientemente firme e iluminarlo.
Ø  Preparar y multiplicar una hoja de cantos:  eucarísticos y/ o que inviten a la oración e intimidad con Dios. Procurar que sean conocidos.
Ø  Cuando llega el Santísimo, todos se ponen de pie y cantan: “Cantemos al Amor de los Amores…”

“Bautizados, discípulos y misioneros, llevemos el Evangelio a todos”

Exposición del Santísimo
Entonamos un canto de adoración a Jesús sacramentado.
Sugerencia: Vengo ante ti Señor, autor: Rafael Peña.
En este momento entra el ministro y expone al Santísimo.
Todos de rodillas.

Monición inicial
BIENVENIDA AL SANTÍSIMO:
Señor Jesús, te damos la bienvenida a nuestro CCPP.
            Tú siempre nos has acompañado en nuestras reuniones a través de tu palabra, pero hoy vienes en forma de alimento para fortalecernos y a darnos ánimo. Gracias por tu visita.
            Te pedimos que este rato de oración nos ayude a experimentar que nuestra participación en estos espacios comunitarios y misioneros, como camino de superación.  (1 min. de silencio)

Oración Preparatoria
Hermanos, nos preparamos para este encuentro con Jesús sacramentado, que con amor nos espera día a día, momento a momento. Avivemos nuestra fe y confianza en su presencia Eucarística. Pidamos humildemente la gracia de su Espíritu para dirigir a Él nuestra alabanza y adoración. Presentemos a Él nuestros gozos y esperan­zas, preocupaciones y sufrimientos. Él más que nadie nos comprende y viene en nuestra ayuda. Nos dice San Juan de la Cruz: sólo y siempre se produce el encuentro con Dios en fe verdadera, esperanza cierta y caridad entera.
Guía:  Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles; enciende en ellos la llama de tu Amor. Envía tu Espíritu y serán creados.
Todos: Y renovarás la faz de la tierra.
Guía: Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo: haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien, y gozar de su consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Todos: Amén.

Ministro:
Señor, Dios nuestro, dueño de la vida y de la historia te damos gracias por llamarnos a vivir este encuentro contigo. Como tus discípulos, miembros de tu Iglesia misionera nos presentamos ante ti, aquí estamos Señor para adorarte y orar confiando a tu corazón misericordioso a todo nuestro mundo y la misión que se realiza en cada rincón de la tierra.
Meditemos
Del mensaje del Papa Francisco
La vida es una misión: ser atraídos y ser enviados son los dos movimientos que nuestro corazón, sobre todo cuando es joven en edad, siente como fuerzas interiores del amor que prometen un futuro e impulsan hacia adelante nuestra existencia. Vivir con alegría la propia responsabilidad ante el mundo es un gran desafío. El hecho de que estemos en este mundo sin una previa decisión nuestra nos hace intuir que hay una iniciativa que nos precede y nos llama a la existencia. Cada uno de nosotros está llamado a reflexionar sobre esta realidad: «Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo» (EG 273). Cfr. Mensaje del Papa Francisco para la jornada mundial de las misiones 2018.

Lector 1:
Por el Bautismo somos miembros vivos de la Iglesia, y juntos tenemos la misión de llevar a todos el Evangelio. Crecer en el don de la fe, que se nos transmite en los sacramentos de la Iglesia, nos sumerge en una corriente de multitud de generaciones de testigos.
La transmisión de la fe se realiza por el contagio del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. Los ambientes humanos, culturales y religiosos todavía ajenos al Evangelio de Jesús y a la presencia sacramental de la Iglesia representan las extremas periferias, los confines de la tierra, hacia donde sus discípulos misioneros son enviados.

Lector 2:
Escuchemos atentamente y recibamos en el corazón la Palabra del Señor:
Lectura del Evangelio según San Lc 9, 23-25.  (Se leen los versículos de la Biblia)
“Jesús decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame”.
Esta es Palabra viva de Dios… Gloria a ti Señor Jesús.

MOMENTO DE REFLEXION: (Comentarios acerca del texto leído)

OREMOS:
L- ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!   R- Por siempre sea bendito y alabado.
L-Heme aquí, buen Jesús, en Tu presencia, como un pobre ante un gran Señor, dame, Señor, el beneficio de tu gracia.         Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Breve momento de silencio y se entona el canto:   Tu Palabra me da vida, confío en ti Señor…

Lector 3:
El sentido profundo de toda vocación viene dado por la misión. Nuestra vocación y misión como seguidores de Jesús es testimoniar el amor, que es lo más grande que posee el corazón del ser humano, y, esto conlleva la renuncia, tomar cada día la cruz y seguirlo.
La misión hasta los confines de la tierra exige el don de uno mismo, la entrega generosa en la vocación que nos ha sido dada por nuestro buen Dios.
Santa Teresa de Jesús nos dice: ¡Nuestro Señor nada suyo reservó para Sí al amarme desde el madero de la Cruz! ¿Y yo me he de entregar a medias?



OREMOS:
L- ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!   R- Por siempre sea bendito y alabado.
L-Heme aquí, buen Jesús, en Tu presencia, como un pobre ante un gran Señor, dame, Señor, el beneficio de tu gracia.         Padre Nuestro, Avemaría y Gloria.

Momento de silencio orante
Dialoga humilde y amorosamente con Jesús sobre cómo estás viviendo tu vocación, seguimiento y misión.
Agradezcamos el regalo de ser bautizados, discípulos y enviados como misioneros del amor a las diversas realidades que viven las familias, comunidades y pueblos, manifestando la alegría de conocerlo y amarlo, pues, el amor de Jesús da fuerza y alegría.
Después de este diálogo amoroso con el Señor, nos ponemos de pie para continuar orando en comunión de un mismo espíritu.

Ministro:
En comunión con todo el pueblo de Dios, oremos y presentemos a Jesús sacramentado, las necesidades de las Iglesias de los distintos continentes y la misión que se vive en cada uno de ellos.
Oramos diciendo: “Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu”.

Lector 1
Por el continente europeo y la misión de la Iglesia, para que el Espíritu del Señor haga renacer la experiencia profunda de la fe, el sentido de trascendencia, y la sensibilidad para recobrar la memoria histórica del patri­monio espiritual con el que cuentan.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.

Lector 2
Por el continente africano y todos los que realizan la misión evangelizadora para que fortalecidos por la gracia y sabiduría del Espíritu continúen ofreciendo la ayuda fraterna y solidaria dando respuesta a los desafíos de las situaciones sociales y políticas, reflejadas en la pobreza y la migración.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.

Lector 3
Por el continente asiático y por la misión de la Iglesia en este continente que camina hacia su propia identidad, transformándose en Iglesia evangelizadora para sí misma y para los demás, desde la pureza de un corazón que busca a Dios a través de la meditación y la contemplación. Y por quienes a causa de la fe en Cristo y su compromiso a favor de los que sufren son perseguidos.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.

Lector 4
Por el continente de Oceanía y por la misión de la Iglesia para que en apertura y respeto a las diferentes cul­turas se comparta la alegría del Evangelio, el plan salvífico de Dios para su pueblo.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.
Lector 5
Por el continente americano y por la misión de la Iglesia para que la fe en Jesucristo dinamice la esperanza y la valentía profética para trabajar por la paz, la justicia y el respeto a la dignidad de todos.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.

Lector 6
Por todos nosotros para que vivamos con generosidad, alegría y esperanza nuestro ser de discípulos y misio­neros colaborando en el proyecto del Reino de Dios en el aquí y el ahora que nos toca vivir.
Oremos: Jesús, misionero del Padre, danos tu Espíritu.
En actitud de confianza filial y apertura a su amor nos dirigimos a Dios nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó. Cantando: Padre nuestro

MEDITACION:
Acto de esperanza
Dios mío, espero de tu bondad, por tus promesas y por los méritos de Jesucristo, nuestro Salvador, la vida eterna y la gracia necesaria para merecerla con las buenas obras que debo y quiero hacer.
R- Señor, que pueda gozarte para siempre.  (Meditemos: Hagamos silencio, para escucharlo).
En los cielos y en la tierra, sea para siempre bendito y alabado.
Todos: El corazón amoroso de Jesús sacramentado.

Acto de caridad
Dios mío, te amo con todo el corazón sobre todas las cosas, porque eres infinitamente bueno y nuestra eterna felicidad:  por amor a ti amo a mi prójimo como a mí mismo, y perdono las ofensas recibidas.
En los cielos y en la tierra, sea para siempre bendito y alabado.
Todos: El corazón amoroso de Jesús sacramentado.

Momento de agradecimiento
Agradecemos al Señor desde lo que ha tocado e iluminado hoy a nuestro corazón y resuena para una mejor actitud de vida como bautizados, discípulos y misioneros para llevar a todos el Evangelio, porque Dios es nuestra fuerza.

Oración conclusiva
Padre bueno, compasivo y misericordioso fuente de alegría,
serenidad y de paz, te damos gracias por el inmenso amor que nos tienes.
Jesucristo, misionero del Padre, con la mirada fija en ti
queremos seguir anunciando la Buena nueva de tu Evangelio.
Espíritu Santo, conságranos con tu unción para que con renovado entusiasmo
realicemos la misión evangelizadora de llevar la alegría de la bondad,
el perdón y la ternura a cada hermana y hermano.
Que María nuestra madre, discípula y misionera interceda por nosotros,
nos acompañe en la tarea de ser contemplativos en la historia,
y comprometidos con el proyecto del Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Reserva del Santísimo Puestos todos en pie con amor y gratitud, entonamos un canto eucarístico y el ministro reserva el Santísimo.


ROSARIO MISIONERO
Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1, 52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia. Es también la que conserva cuidadosamente «todas las cosas meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19).
Evangelii Gaudium, 288.

Para rezar el rosario misionero se sigue el mismo esquema de cualquier rosario, con la particularidad de que todas las intenciones van dirigidas a pedir por las misiones.

1º Misterio: Pidamos por África, para que pueda superar el sufrimiento provocado por el hambre, la pobreza, las continuas guerras y las desigualdades raciales.

A pesar del panorama prevalentemente negativo que hoy presentan numerosas regiones de África y de las tristes experiencias que no pocos países atraviesan, la Iglesia tiene el deber de afirmar con fuerza que es posible superar estas dificultades. Ella debe fortalecer en todos los africanos la esperanza en una verdadera liberación. Su confianza se fundamenta, en última instancia, en la conciencia de la promesa divina, que nos asegura que nuestra historia no está cerrada en sí misma, sino que está abierta al Reino de Dios. Por esto ni la desesperación ni el pesimismo pueden justificarse cuando se piensa en el futuro tanto de África como de las demás partes del mundo.
Ecclesia in Africa, 14

2º Misterio: Pedimos por la Iglesia en América, para que, obedientes al Maestro, pueda escuchar el consejo de María, que nos dice: “Hagan lo que Él les diga”.

[…] las Iglesias particulares de América están llamadas a extender su impulso evangelizador más allá de sus fronteras continentales. No pueden guardar para sí las inmensas riquezas de su patrimonio cristiano. Han de llevarlo al mundo entero y comunicarlo a aquéllos que todavía lo desconocen. Se trata de muchos millones de hombres y mujeres que, sin la fe, padecen la más grave de las pobrezas. Ante esta pobreza se­ría erróneo no favorecer una actividad evangelizadora fuera del Continente con el pretexto de que todavía queda mucho por hacer en América o en la espera de llegar antes a una situación, en el fondo utópica, de plena realización de la Iglesia en América.
Ecclesia in America, 74.

3º Misterio: Pidamos para que la Iglesia en Europa, recupere su vitalidad cristiana y misionera.
¡Iglesia en Europa, te espera la tarea de la «nueva evangelización»! Recobra el entusiasmo del anuncio. Siente, como dirigida a ti, en este comienzo del tercer milenio, la súplica que ya resonó en los albores del primer milenio, cuando, en una visión, un macedonio se le apareció a Pablo suplicándole: «Pasa por Ma­cedonia y ayúdanos» (Hch 16, 9).
 Aunque no se exprese o incluso se reprima, ésta es la invocación más profunda y verdadera que surge del corazón de los europeos de hoy, sedientos de una esperanza que no defrauda. A ti se te ha dado esta esperanza como don para que tú la ofrezcas con gozo en todos los tiempos y latitudes. Por tanto, que el anuncio de Jesús, que es el Evangelio de la esperanza, sea tu honra y tu razón de ser. Continúa con renovado ardor el mismo espíritu misionero que, a lo largo de estos veinte siglos y comenzando desde la predicación de los apóstoles Pedro y Pablo, ha animado a tantos Santos y Santas, auténticos evangelizadores del continente europeo.
Ecclesia in Europa, 45.

4º Misterio: Pidamos por todos los hombres y mujeres de Oceanía, para que, escuchando la Palabra de Dios, se dejen transformar por ella.
Desde la antigüedad, los pueblos de Oceanía se emocionaban ante la presencia divina en los tesoros de la naturaleza y de la cultura. Pero sólo con la llegada de misioneros extranjeros durante la última mitad del segundo milenio supieron los nativos de Jesucristo, el Verbo humanado. Quienes emigraron de Europa y de otras regiones del mundo llevaron consigo su fe. Para todos, el Evangelio de Jesucristo, recibido con fe y vivido en la comunión de la Iglesia, realizaba, superándolas, las más profundas expectativas del corazón humano. Es la Iglesia en Oceanía fuerte en la esperanza, ya que ha experimentado la infinita bondad de Dios en Cristo. Hasta hoy, el tesoro de la fe cristiana permanece invariado en su dinamismo y en sus perspectivas, ya que el Espíritu de Dios resulta siempre nuevo y sorprendente. La Iglesia diseminada por todo el mundo comparte la esperanza de los pueblos de Oceanía de que el futuro depare nuevos y aún más maravillosos dones de gracia a las tierras del Gran Océano.
Ecclesia in Oceania, 1.

5º Misterio: Pidamos por los pueblos de Asia, para que permanezcan abiertos al anuncio del Evangelio proclamado por los misioneros.
La Iglesia en Asia canta las alabanzas del «Dios de la salvación» (Sal 68, 20) por haber elegido iniciar su plan salvífico en la tierra de Asia, mediante hombres y mujeres de ese continente. En efecto, fue en Asia donde Dios, desde el principio, reveló y realizó su proyecto de salvación. Guio a los patriarcas (cf. Gn 12) y llamó a Moisés para que condujera a su pueblo hacia la libertad (cf. Ex 3, 10). Al pueblo que había elegido para sí le habló a través de muchos profetas, jueces, reyes e intrépidas mujeres de fe. En la «plenitud de los tiempos» (Ga 4, 4), envió a su Hijo unigénito, Jesucristo, el Salvador, que se encarnó como asiático. La Iglesia en Asia, exultando por la bondad de los pueblos del continente, por las culturas y la vitalidad religio­sa, y, al mismo tiempo, consciente de la unicidad del don de la fe recibida para el bien de todos, no puede dejar de proclamar: «Dad gracias al Señor, porque es bueno; porque es eterna su misericordia» (Sal 118, 1).    Dado que Jesús nació, vivió, murió y resucitó en Tierra Santa, esa pequeña porción de Asia occidental se ha convertido en tierra de promesa y de esperanza para todo el género humano. Jesús conoció y amó esa tierra, haciendo suyos la historia, los sufrimientos y las esperanzas de ese pueblo; amó a su gente, abrazando las tradiciones y la herencia judías. En efecto, Dios, ya desde la antigüedad, eligió a ese pueblo y a él se reveló como preparación para la venida del Salvador. Desde esa tierra, mediante la predicación del Evangelio, con la fuerza del Espíritu Santo, la Iglesia fue por doquier a «hacer discípulos a todas las gentes» (cf. Mt 28, 19).
Ecclesia in Asia, 1.

Letanías misioneras
Señor, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Jesucristo, ten piedad de nosotros
Jesucristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros
Jesucristo óyenos
Jesucristo óyenos
Dios Padre que quieres que todos nos salvemos
Ten piedad de nosotros
Dios hijo redentor del mundo, que sufriste muerte de cruz por toda la humanidad
Ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, que atraes a la humanidad al co­nocimiento de la verdad
Ten piedad de nosotros
Santa María Reina de las misiones
Ruega por el mundo
San Pedro
Ruega por el mundo
San Pablo
Ruega por el mundo
San Francisco Xavier
Ruega por el mundo
Sta. Teresita del niño Jesús
Ruega por el mundo
San Marcos
Ruega por África
San Agustín
Ruega por África
Beato Carlos de Foucald
Ruega por África
Santos Mártires de Uganda
Rueguen por África
Beata Clementina Anaurite
Ruega por África
San Andrés
Ruega por Asia
Santo Tomas
Ruega por Asia
San Juan Brito
Rueguen por Asia
Santos Mártires de Corea
Ruega por Asia
Beatos y Stos. Mártires De china y Japón
Ruega por Asia
Santa Rosa de Lima
Ruega por América
San Martín de Porres
Ruega por América
Santos Mártires Mexicanos
Ruega por América
San Juan Diego
Ruega por América
San Felipe de Jesús
Ruega por América
San Pedro Claver
Ruega por América
San Daniel Comboni
Ruega por Europa
San Guido Ma. Conforti
Ruega por Europa
San Bonifacio de Alemania
Ruega por Europa
San Agustín de Cantabria
Rueguen por Europa
San Leandro de Sevilla
Ruega por Europa
San Pedro de Chanel
Ruega por Oceanía
Padre Damián de Molokai
Ruega por Oceanía
Estrella del Mar
Rueguen por Oceanía
Beatos y Santos. Las Innumerables Islas
Rueguen por Oceanía
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Perdónanos, Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo
Ten piedad y misericordia de nosotros


Súplica a la Reina del Santo Rosario
«Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a
los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio,
no te dejaremos jamás. Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso
de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del
Rosario […], oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de
los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo».
Rosarium Virginis Mariae, 43.

Animación Misionera

ANIMACION MISIONERA

COLABORÓ CON LAS OMPE DE 2005 A 2016

LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS EPISCOPALES.
LAS OMPE Depende de la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos, para "Promover el espíritu misionero universal en el Pueblo de Dios" (RM 84).

COLABORO CON
La Comisión Diocesana de Animación Misionera de la Arquidiócesis de Yucatán, México. período de 2005 a 2016.

Plan Diocesano de la Comisión de Animación Misionera
OMPE-YUCATAN

Plan Diocesano de la Comisión Diocesana de Animación Misionera

Objetivo:
La Comisión de Animación Misionera promueve en forma sistemática en todos los bautizados, la conciencia de su adhesión a Cristo, salvador del mundo, animándolos a iniciar un camino de conversión en las PCP’s. y a difundir como discípulos-misioneros el mensaje de Salvación.

Jornada de la Infancia Misionera 2006 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

Jornada de la Infancia Misionera 2006 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

Un video editado especial para los que dieron un Sí

SONRIA PADRE, SONRIA... QUE DIOS LOS BENDIGA!!

Jornada de la Infancia Misionera 2008 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

Jornada de la Infancia Misionera 2008 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

CONAJUM,Tepic, Nayarit 2009

CONAJUM,Tepic, Nayarit 2009

CONAJUM,Tepic, Nayarit 2009

Jornada de la Infancia Misionera 2008 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

Jornada de la Infancia Misionera 2008 "Encuentro de Pequeños Misioneros"

Congreso Eucarístico

Congreso Eucarístico